NUEVA CONCEPCIÓN CIENTÍFICA DE LOS ACIDOS GRASOS ESENCIALES OMEGA-6 Y OMEGA-3 EN LA CADENA ALIMENTICIA.TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN CON OMEGA-3 VIPEZ. Dr. Alejandro Uval
     
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NUEVA CONCEPCIÓN CIENTÍFICA DE LOS ACIDOS GRASOS ESENCIALES OMEGA-6 Y OMEGA-3 EN LA CADENA ALIMENTICIA.TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN CON OMEGA-3 VIPEZ. Dr. Alejandro Uval
   
 
LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS EN URUGUAY
Los principales problemas sanitarios y las enfermedades crónicas no trasmisibles han evolucionado a lo largo del siglo XX con diferentes grado de desarrollo en los distintos países latinoamericanos. En nuestro país, al igual que en muchos otros, las enfermedades del aparato cardiovascular ocupan el primer lugar de mortalidad por enfermedades crónicas; y el perfil general de nuestra sociedad es el de una sociedad envejecida y con patología crónico degenerativa predominantemente discapacitante.

La estadística de mortalidad en Uruguay para enfermedades cardiovasculares, a lo largo del 1900 es creciente, y hay un marcado incremento, con un salto abrupto en la década del 40, que sigue aumentando hasta 1984. (Gráfico 1882-1999) La tendencia a fin de siglo es hacia la baja en el número total de defunciones por enfermedades cardiovasculares, lo que indica una disminución en el riesgo de muerte por estas patologías en nuestro país. Sin embargo esto ocurre en un cambio demográfico del país, que tiene un aumento leve de la población, y a su vez un incremento que es marcado en la población adulta y de tercera edad.

Muerte por enfermedades cardiovasculares en Uruguay 1882-1999. 2

Si bien hay una tendencia de todas las poblaciones a envejecer su estructura, y cada país está en diferentes etapas de ese proceso (transición demográfica), la situación de nuestro país es peculiar. Este proceso “influye sobre la situación epidemiológica de las poblaciones, aumentando la importancia de las enfermedades no trasmisibles (transición epidemiológica)...”3
De los diversos factores de riesgo analizados y usados hoy en programas de prevención cardiovascular, entre estos: sedentarismo, obesidad, tabaquismo, dieta, edad y sexo; sabemos que los mismos han variado a lo largo del siglo. En el análisis cronológico de estos factores de riesgo, encontramos que no se ha investigado, por lo menos en lo que respecta a bibliografía médica nacional, el cambio dietético en el uso de grasas tradicionales (saturadas de origen animal) a aceites vegetales industriales poli-insaturadas, en relación con el incremento de las patologías cardiovasculares. En la investigación de la evolución de la alimentación de nuestra población, existen claras coincidencias cronológicas y estadísticas en el abrupto cambio de la década del 40 como se observa en la gráfica, con el acelerado incremento de la producción y uso en la alimentación de los aceites de origen vegetal.
Ahora, ¿qué sabemos de la estadística de morbi-mortalidad de las enfermedades reumatológicas en el siglo pasado?. Lamentablemente no se dispone de esta estadística, la cual hoy consideramos imprescindible para analizar objetivamente los factores posibles implicados en la evolución de esta patología crónica, tan invalidante en nuestra población. Entre la patología cardiovascular y reumatológica hay una relación anatomopatológica y clínica evidente. Los estudios demuestran que la artritis reumatoide es un factor de riesgo que acelera la ocurrencia de síndrome coronario agudo. La tasa de muerte cardiovascular aumenta en pacientes con artritis reumatoide, en comparación con poblaciones que solo presentan enfermedad cardiovascular.4,5
En cuanto a la morbilidad no hay datos exactos; pero de acuerdo a las estadísticas de morbilidad, obtenidas por egresos y motivos de consulta en los centros asistenciales, las enfermedades cardiovasculares son las de mayor prevalencia y dentro de éstas la hipertensión es la de mayor morbilidad, como muestra la gráfica de egresos por causas cardiovasculares en el año 2000, gráfica que no considera el alto porcentaje de población sin diagnóstico primario de la hipertensión.


Egresos por causas cardiovasculares6


La distribución entre los egresos hospitalarios en el año 2004 por causa CV según grupos de edades muestra una frecuencia acumulada de 88,6 % en los mayores de 45 años, la distribución por sexo mostró un predominio en el sexo femenino.7

Morbilidad por enfermedades cardiovasculares8

En este contexto, destacamos que similar situación se observa en toda Latinoamérica, siendo la HTA la enfermedad de mayor morbilidad según el último informe de CEPAL en el 2001, y la artritis ocupa el segundo lugar según una encuesta basada en una muestra poblacional de 1450 personas de 60 o más años.9
Para Uruguay, al no existir estadísticas de morbi-mortalidad para enfermedades reumatológicas resulta imposible estimar cifras, sí sabemos de acuerdo a datos obtenidos por encuestas de percepción de enfermedad en Montevideo, que estas ocupan el segundo lugar en prevalencia de enfermedades crónicas en nuestro país, (cuadro Tasas de percepción) después de las enfermedades cardiovasculares, un 26, 8 % con mayor incidencia en el sexo femenino.


Tasas de percepción de enfermedades
crónicas específicas en la población encuestada según sexo10

Enfermedades crónicaspercibidas Tasa de percepción (por mil )
Total promedio Hombres Mujeres
Enf. del sistema circulatorio 381.8 342.3 410,0
Enf. reumáticas 268,0 214.2 306,3
Enf. del aparato digestivo 102,8 91.7 110.7
Diabetes 75.5 75.4 75.5
Enf. Respiratorias 51,5 49.5 52.9
Enf. Nerviosas 35.9 33.2 37.8
Enf. Mentales 35.7 22.1 45.4
Enf. Genitourinarias 33.9 43.8 26.8
Cáncer 11.1 4.8 15.5
Otros 126.3 92.4 150.5

También las enfermedades crónicas son de mayor prevalencia en el sexo femenino, donde el informe de la encuesta SABE de 2001 mostró para la población montevideana de 60 o más años que las mujeres sufren más enfermedades crónicas que el hombre.

Enfermedades crónicas por sexo.11
Población de Montevideo de 60 años o más.

Cantidad de enfermedades crónicas Mujer Hombre
Ninguna enfermedad 21 % 31 %
1 enfermedad 33 % 35 %
2 enfermedades 27 % 22 %
3 enfermedades 16 % 10 %
4 enfermedades 3 % 2 %
5 enfermedades 0,4 % 0 %
LA INFLAMACIÓN EN LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS


¿Cuál es el rol de la inflamación en las patologías crónicas?
La inflamación está presente en la mayoría de las enfermedades crónicas de mayor prevalencia. El desarrollo de diversos marcadores biológicos usados en la paraclínica son la evidencia bioquímica más clara de ello, tanto la VES como la PCR, etc., son usados cada ves más para el diagnóstico en las enfermedades crónicas.

Patologías crónicas más frecuentes
Patologías
Cardiovasculares Coronariopatias, aterosclerosis, infarto, edema agudo de pulmón, miocardiopatias, insuficiencia cardiaca, hipertensión, HTP
Neumológicas Bronquitis aguda y crónica, asma, EPOC, alergias.
Dermatológicas Eccemas, psoriasis y alergias.
Ostearticulares Artritis, artrosis, osteoporosis, síndrome de túnel carpiano.
Metabolicas Diabetes, síndrome X, dislipemias.
Gastroenterologicas Gastritis, gastroenterocolitis, colitis ulcerosa crónica, enfermedad de Crohn, hernia hiatal, RGE, divertículos, hemorroides, tríada de Saint.
Autoinmunes Lupus, psoriasis.
Neurológicas Depresión, demencias, enfermedades cerebrovasculares, esquizofrenia, enfermedad bipolar.
Renales Insuficiencia renal aguda y crónica.
Oncológicas Neoplasias diversas


Nuestro objetivo es mostrar el origen y la importancia de un estado de “hiperinflamación” en la evolución y complicaciones de las mismas.
Actualmente el recurso terapéutico más empleado para tratar éstas enfermedades es el farmacológico; mediante el cual se bloquea la cascada del ácido araquidónico, para controlar así las manifestaciones del proceso inflamatorio. Los corticoides actúan en el bloqueo irreversible de las enzimas que producen hidroperóxidos responsables de las funciones que desencadenan el proceso inflamatorio; y los AINEs bloquean la cicloxigenasa e impiden la formación de prostaglandinas y tromboxano.
El uso de estos fármacos brinda una solución temporal, con lo que se mitiga y/o elimina el dolor y disminuye la inflamación, y eso se puede interpretar como beneficioso a corto plazo porque alivia el sufrimiento del paciente, pero por otro lado se hipertrofia la concentración del AA a nivel de las membranas celulares, generando un “estado de hiperinflamación” (exceso de AA a nivel de las membranas celulares), que en la evolución de la enfermedad favorece la aparición de las complicaciones en la patología crónica. Además pequeñas causas desencadenantes (microtraumatismos internos y externos, lesión del endotelio, etc.) generan una exagerada respuesta inflamatoria que comienza a ser una patología en si misma, cuando el proceso de reparación que implica la inflamación no logra la homeostasis hacia ese fin, sino hacia la cronicidad.
¿Cuál es la otra vía sobre la cual podemos actuar sin hipertrofiar la concentración del AA? La respuesta está en el origen de los AGPI.

Los ácidos grasos esenciales, son dos: el linoleico (C18:2 n-6) u omega-6 y el alfa linolénico (C18:3 n-3) u omega-3. Estos son sintetizados por los vegetales. A partir del linoleico prácticamente casi todos los animales sintetizan el AA, pudiendo acumular el linolénico en sus grasas así como el alfa linolénico, como materia prima de reserva para producir AA y DHA respectivamente. El hombre obtiene el AA de la carne de los animales y el linoleico de la grasa de los animales; actualmente, dicho consumo se potencia aún más con la ingesta excesiva de los aceites vegetales en sus diversas presentaciones en la dieta actual. (Aceites vegetales en todas la variedades de marcas, de fácil acceso a toda la población y como ingrediente principal en el enriquecimiento de diversas recetas del arte culinario) Hasta la fecha el AA fue el único considerado como AGE y hoy se sabe que el omega-3 DHA tiene un rol tan importante como el AA y es imprescindible la presencia de ambos en una relación igualitaria a nivel de la membrana para un correcto metabolismo celular; dicha relación es dinámica y varía naturalmente con los cambios estacionales puesto que estos influyen sobre la composición de los alimentos de origen vegetal.

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El confinamiento de animales comienza en la década del 40, principalmente con aves, con lo que se busca mejorar los parámetros productivos. Se fabrican raciones balanceadas teniendo en cuenta principalmente energía y proteínas; lo cual tiene un efecto directo sobre la producción. Esta formulación no contempla la calidad y la naturalidad de los nutrientes, perdiéndose así el equilibrio nutricional natural del animal
en su ambiente. Las grasas y el balance de ácidos grasos en estos productos alimenticios fue notoriamente modificado: se incrementó el porcentaje de grasas saturadas en la carne, debido al confinamiento y al exceso de energía que aporta la dieta de los animales así criados. Los AGPI de la serie omega-6 (ácido linoleico) se incrementaron en varias veces debido al consumo de granos que forma parte de un 70 % de la dieta y también debido a la adición de aceite vegetal. (oleinas)
Por otra parte los AGPI de la serie omega-3 prácticamente desaparecen de la grasa de estos animales; por un lado al impedirse el consumo de hojas verdes y de insectos que se alimentan de hojas verdes, impidiendo así la ingesta del ácido graso alfa linolénico de la serie omega-3. Estas deficiencias son trasladadas a los consumidores de estos productos, provocando un déficit de omega-3 y un exceso de ácidos grasos omega-6 mediante la alimentación; con las consecuencias a largo plazo expresadas en las patologías de nuestro tiempo.

Como conclusión éstos omega-3 de cadena larga EPA y DHA siempre estuvieron presentes en nuestras membranas celulares conjuntamente con el AA omega-6 ejerciendo un equilibrio dinámico de acuerdo a la alimentación que el individuo podía obtener de su ambiente. De acuerdo a las concentraciones de estos dos ácidos grasos en los animales silvestres que todavía viven en su medio natural, vemos que presentan concentraciones de AA y EPA-DHA en una proporción similar entre ambos. Esa relación se trasladaba al hombre.
Luego de la industrialización la concentración de estos dos ácidos grasos cambia en las células de los hombres, aumentando la relación a 20 veces o más AA que EPA-DHA.
La reincorporación del EPA-DHA perdido tiene un efecto en la disminución de los procesos inflamatorios generados a partir del AA. EPA-DHA ejerce un efecto competitivo por un lugar en la membrana celular, por la utilización de las enzimas fosfolipasa A2, lipoxigenasas y cicloxigenasas. A su vez los productos de este ácido graso omega-3 ejercen una acción competitiva e inhibitoria sobre los productos del omega-6.
Los productos del AA pertenecen a la serie 2 y 4 de prostaglandinas y leucotrienos respectivamente, mientras que los de la serie 3 y 5 pertenecen a los productos del omega-3.
La prostaglandina E3, no tiene los efectos inflamatorios como los de la prostaglandina E2. (vascularización, edema, dolor, calor) El tromboxano A3 no es agregador plaquetario como el tromboxano A2, que es potente agregador plaquetario, y vasodilatador. El leucotrieno B5 tiene una acción quimiotáctica diferente al leucotrieno B4 que es un potente quimiotáctico y agresor celular.
Las primeras investigaciones del beneficio en la dieta humana de la importancia de los AG omega-3 provienen del estudio de la dieta de los esquimales de Groenlandia, población que consume alta cantidad de pescado graso en forma natural, o sea crudo; los estudios mostraron que estos consumidores tenían bajos índices de mortalidad por aterosclerosis.12
Diversos estudios posteriores coinciden en afirmar que las poblaciones cuya dieta es prioritariamente en base a productos de origen marino tienen menor prevalencia en morbi-mortalidad cardiovascular, lo cual se ha vinculado al alto contenido de ácidos grasos de la serie omega-3 de estos productos.13, 14,15
A partir de estos estudios, en la década del 80 comienza el uso en nutrición humana de la suplementación dietética con aceites de origen marino debido a que contienen seis veces más ácidos grasos omega-3 que omega-6, con lo cual se pretendía en principio disminuir los riesgos de enfermedades cardiovasculares.
Los suplementos utilizados surgen a partir de la fabricación de harina de pescado quedando como subproducto de dicha fabricación el aceite de pescado; este aceite se refina y se encapsula en gelatina blanda.
Comienza así a recomendarse en nutrición como suplemento dietético sin acción terapéutica comprobada. Los trabajos de investigación en el tema, documentaron estadísticamente mejorías en patologías relacionadas con el sistema cardiovascular, sobre todo disminución de triglicéridos, LDL y VLDL plasmático.16 a 21
También se compararon poblaciones con alto consumo de pescado como ser los asiáticos, con poblaciones occidentales altamente industrializadas, observando también diferencias importantes en estos padecimientos.
La importancia conceptual de los ácidos grasos en la alimentación humana no ha sido clara y han pasado más de 50 años desde que por primera vez se habla de la esencialidad de algunos AG en 1929 por Burr y Burr. Recién en 1999 se reconoce la esencialidad de la serie omega-3 como un participante activo y normal del metabolismo celular y su importancia vital en órganos como el cerebro y la retina.22

En 1940 comenzó el desarrollo máximo de la industria aceitera en el Río de la Plata, primero en Argentina y luego en Uruguay. La primera aceitera uruguaya se funda en 1935. 23
La superficie sembrada con girasol en nuestro país, según datos de la sección Estadística de los Servicios Agronómicos, había experimentado un enorme ascenso, pasando de 2.500 há en 1934 a 102.449 há en 1941. 24 Las estadísticas de consumo de aceite a escala mundial son cada vez más crecientes como muestra la gráfica.
Para América Latina, el consumo de aceite vegetal diario por persona en la década del 60 era de 10 a 12 grs. , creciendo a más del doble, 30-32 gramos en la década del 90.


Consumo de aceites vegetales en el mundo. FAO/OMS, 1993. 25

Este excesivo uso de los aceites vegetales en nuestra dieta, ha desplazado el consumo de grasas saturadas de origen animal, cambiando así sustancialmente el estilo de vida actual, desde las típicas recetas del arte culinario de nuestros abuelos, a los parámetros que señalan las gráficas sobre consumo de aceite. El ingreso de AGPI de origen vegetal a gran escala ha sido sin lugar a duda uno de los cambios más importantes en la historia de la alimentación humana del siglo pasado, con repercusiones a gran escala: sociales, económicas, sanitarias y ambientales.
Argentina, país vecino con características culturales similares a las nuestras, presenta en las últimas décadas un impresionante incremento del consumo de aceites, por ejemplo, en las estadísticas industriales de producción y consumo de éste aceite, se observa que en la década del 90, el consumo nacional aparente de aceite de girasol, pasó de 200 mil toneladas a más del doble al final de la década.














De esta gráfica, de datos de la Dirección Nacional de Alimentación de Argentina, surge que el consumo promedio en 1998, fue de 16 grs. de aceite de girasol solamente, sin considerar el resto de los aceites; estos 16 grs. de aceite de girasol proporcionan 11,2 grs. de ácido linoleico omega-6. El aporte de las grasas vacunas, sebo o manteca, contienen naturalmente un 2 % de ácido linoleico. Para igualar este aporte de omega-6 a partir de aceite de girasol, con grasa vacuna o manteca necesitamos 560 grs. o sea que el aceite de girasol aporta 35 veces más omega-6 que la grasa vacuna, sin aportar omega-3.
Recién en la década del 80, estudios de diversas disciplinas sugieren efectos deletéreos del alto consumo del ácido linoleico proveniente de dichos aceites. Como ejemplo, en el ámbito internacional, se menciona a Israel, país que tiene una de las dietas con los rangos más altos del mundo de grasas poliinsaturadas/saturadas (P/S), cuya población consume algo más del 8 % de AGPI Omega-6 que en los EEUU, y algo mas del 10-12 % que en la mayoría de los países europeos. 26
Los judíos de Israel pueden ser considerados como un experimento poblacional de una dieta basada en los efectos de un alto contenido de AGPI omega-6 sobre las enfermedades crónicas, dieta que por otro lado ha sido ampliamente recomendada. A pesar de tales hábitos en Israel, paradójicamente, hay una amplia prevalencia de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes mellitus no insulino dependiente y obesidad, todas enfermedades asociadas con hiperinsulinemia e insulino resistencia. También hay un incremento en la incidencia y tasa de mortalidad por cáncer, especialmente en mujeres, en comparación con los países occidentales. 27
Los estudios sugieren que un alto consumo de ácido linoleico puede agravar la hiperinsulinemia e insulino resistencia, tanto como ser sustrato para la peroxidación lipídica y formación de radicales libres. De esta manera, lejos de ser beneficioso, las dietas con alto contenido de AGPI omega-6 pueden tener a largo plazo serios efectos adversos, actuando como vínculo entre la hiperinsulinemia, aterosclerosis y carcinogénesis.
Las tradiciones del Río de la Plata no muestran históricamente una mayor tendencia hacia el consumo de productos de mar, al contrario, a principios del siglo pasado es notoria la nutrición basada en un alto contenido en grasas saturadas; a mediados del siglo esa tendencia cambia claramente, a tal grado, que en países vecinos, como Argentina, ya no existe el parámetro de consumo de grasas saturadas en las encuestas del Instituto Nacional de Alimentación, puesto que estas han sido sustituidas ampliamente por grasas de origen vegetal, es decir por AGPI. Dado el peso de ciertas tradiciones de consumo, y sobre todo por el comercio a gran escala que inunda constantemente de información basada en alimentos altamente procesados con alto contenido de AGPI, es difícil lograr un cambio en estos nuevos hábitos de alimentación sin una buena educación.
Analizando los perfiles lipídicos de los aceites de origen marino vs los aceites vegetales, es notoria la gran diferencia en relación con el porcentaje contenido de ácidos grasos poliinsaturados: omega-6 (linoleico) / omega-3 (linolénico). Esta relación en aceites de girasol es de 70% omega-6 / 0% omega-3; maíz de 59% omega-6 / 1,2% omega-3; y soja 55% omega-6 / 7% omega-3.


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CONSUMO DE ACEITES VEGETALES
En 1940 comenzó el desarrollo máximo de la industria aceitera en el Río de la Plata, primero en Argentina y luego en Uruguay. La primera aceitera uruguaya se funda en 1935. 23
La superficie sembrada con girasol en nuestro país, según datos de la sección Estadística de los Servicios Agronómicos, había experimentado un enorme ascenso, pasando de 2.500 há en 1934 a 102.449 há en 1941. 24 Las estadísticas de consumo de aceite a escala mundial son cada vez más crecientes como muestra la gráfica.
Para América Latina, el consumo de aceite vegetal diario por persona en la década del 60 era de 10 a 12 grs. , creciendo a más del doble, 30-32 gramos en la década del 90.


Consumo de aceites vegetales en el mundo. FAO/OMS, 1993. 25

Este excesivo uso de los aceites vegetales en nuestra dieta, ha desplazado el consumo de grasas saturadas de origen animal, cambiando así sustancialmente el estilo de vida actual, desde las típicas recetas del arte culinario de nuestros abuelos, a los parámetros que señalan las gráficas sobre consumo de aceite. El ingreso de AGPI de origen vegetal a gran escala ha sido sin lugar a duda uno de los cambios más importantes en la historia de la alimentación humana del siglo pasado, con repercusiones a gran escala: sociales, económicas, sanitarias y ambientales.
Argentina, país vecino con características culturales similares a las nuestras, presenta en las últimas décadas un impresionante incremento del consumo de aceites, por ejemplo, en las estadísticas industriales de producción y consumo de éste aceite, se observa que en la década del 90, el consumo nacional aparente de aceite de girasol, pasó de 200 mil toneladas a más del doble al final de la década.














De esta gráfica, de datos de la Dirección Nacional de Alimentación de Argentina, surge que el consumo promedio en 1998, fue de 16 grs. de aceite de girasol solamente, sin considerar el resto de los aceites; estos 16 grs. de aceite de girasol proporcionan 11,2 grs. de ácido linoleico omega-6. El aporte de las grasas vacunas, sebo o manteca, contienen naturalmente un 2 % de ácido linoleico. Para igualar este aporte de omega-6 a partir de aceite de girasol, con grasa vacuna o manteca necesitamos 560 grs. o sea que el aceite de girasol aporta 35 veces más omega-6 que la grasa vacuna, sin aportar omega-3.
Recién en la década del 80, estudios de diversas disciplinas sugieren efectos deletéreos del alto consumo del ácido linoleico proveniente de dichos aceites. Como ejemplo, en el ámbito internacional, se menciona a Israel, país que tiene una de las dietas con los rangos más altos del mundo de grasas poliinsaturadas/saturadas (P/S), cuya población consume algo más del 8 % de AGPI Omega-6 que en los EEUU, y algo mas del 10-12 % que en la mayoría de los países europeos. 26
Los judíos de Israel pueden ser considerados como un experimento poblacional de una dieta basada en los efectos de un alto contenido de AGPI omega-6 sobre las enfermedades crónicas, dieta que por otro lado ha sido ampliamente recomendada. A pesar de tales hábitos en Israel, paradójicamente, hay una amplia prevalencia de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes mellitus no insulino dependiente y obesidad, todas enfermedades asociadas con hiperinsulinemia e insulino resistencia. También hay un incremento en la incidencia y tasa de mortalidad por cáncer, especialmente en mujeres, en comparación con los países occidentales. 27
Los estudios sugieren que un alto consumo de ácido linoleico puede agravar la hiperinsulinemia e insulino resistencia, tanto como ser sustrato para la peroxidación lipídica y formación de radicales libres. De esta manera, lejos de ser beneficioso, las dietas con alto contenido de AGPI omega-6 pueden tener a largo plazo serios efectos adversos, actuando como vínculo entre la hiperinsulinemia, aterosclerosis y carcinogénesis.
Las tradiciones del Río de la Plata no muestran históricamente una mayor tendencia hacia el consumo de productos de mar, al contrario, a principios del siglo pasado es notoria la nutrición basada en un alto contenido en grasas saturadas; a mediados del siglo esa tendencia cambia claramente, a tal grado, que en países vecinos, como Argentina, ya no existe el parámetro de consumo de grasas saturadas en las encuestas del Instituto Nacional de Alimentación, puesto que estas han sido sustituidas ampliamente por grasas de origen vegetal, es decir por AGPI. Dado el peso de ciertas tradiciones de consumo, y sobre todo por el comercio a gran escala que inunda constantemente de información basada en alimentos altamente procesados con alto contenido de AGPI, es difícil lograr un cambio en estos nuevos hábitos de alimentación sin una buena educación.
Analizando los perfiles lipídicos de los aceites de origen marino vs los aceites vegetales, es notoria la gran diferencia en relación con el porcentaje contenido de ácidos grasos poliinsaturados: omega-6 (linoleico) / omega-3 (linolénico). Esta relación en aceites de girasol es de 70% omega-6 / 0% omega-3; maíz de 59% omega-6 / 1,2% omega-3; y soja 55% omega-6 / 7% omega-3.


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